domingo, 21 de mayo de 2017

Fin de Semana Santa en Misiones

Una nueva visita a la provincia de Misiones. Esta vez fuimos dos parejas en un viaje relámpago aprovechando los feriados de Semana Santa.

Partimos bastante puntuales a las 14 horas desde Palermo. Aún era un buen horario, pero la salida de Buenos Aires se presentaba bastanta cargada. En menos de tres horas habíamos cruzado el puente Justo José de Urquiza sobre el Paraná Guazú y nos subíamos a la nueva Ruta Nacional 14, que ahora cuenta con dos manos por lado y pavimento en mucho mejor estado.  Se puede viajar a un mayor promedio de velocidad y de manera mas segura.
Con alguna paradita en el camino terminamos llegando a la ciudad de Chajarí (Entre Ríos) con el tiempo justo para encontrar un hotel en donde dormir y un restaurante en donde comer. El cuarto de hotel era un poco húmedo pero la ducha de gran presión todo lo compensaba.

Al día siguiente continuamos camino hacia la ciudad de Oberá desde donde desviamos recorido hacia la Ruta Provincial 103 a modo de tomar unos kilómetros mas tarde la muy escénica Ruta Provincial 2, que corre a al vera del río Uruguay frente a las muy cercanas costas de Brasil.

Tras cargar combustible en El Soberbio y hacernos de unas cuantas botellas de vino continuamos nuestra ruta por 45 kilómetros mas hasta el camino de tierra que hace de desvío a Colonia La Flor, y ya de noche tomar los últimos 11 kilómetros sólo aptos para vehículos de doble tracción hasta este complejo de cabañas a la vera del Arroyo Paraíso. Llegámos a oscuras pero con el tiempo suficiente de pegarnos una ducha antes de comer.
Había estado unos días en Don Enrique Lodge seis o siete años atrás. En esa opirtunidad coincidí con Gustavo Castaingh (fotografo) y su madre Bachi, antiguos dueños y responsables del emprendimiento. Esta vez había cambiado la administración del sitio, y si no me equivoco eramos los primeros huéspedes de esta nueva camada.
Don Enrique Lodge cuenta con 4 cabañas construidas inegramente con maderas de la zona. Cada una de esas cabañas cuenta con dos decks de madera para relajar en una hamaca paraguaya o en alguna de sus cómodas reposeras mirando correr las aguas del Arroyo Paraíso y del gran macizo verde de la Reserva de Biósfera Yabotí, que parece caer encima de tanto verde tupido que se ve impenetrable.

Un house hace de living general y de comedor. Aunque no hay señal de teléfono aquí tienen wifi, aunque no anduvo del todo bien, ni esta ni la vez anterior. En este lugar los huéspedes disfutarán del sistema de pensión completa ofrecida por el lugar.
Esa primera noche de Jueves Santo éramos 11 los huéspedes ocupando tres de las cuatro cabañas.
Comimos con el sabor de la comida casera hecha con amor y elementos de la zona. Muy rico todo pero enseguida me di cuenta que la propuesta gourmet del Don Enrique de antes había perdido un poco de nivel. Nos acompañaba una pareja en una escapada de amor y un matrimonio con tres niñas. Todos visitaban Don Enrique por segunda vez.

El silencio del entorno inundado por olor a jazmín y la cama súper cómoda y de buena blanquería fueron lso ingredientes justos para un reparador descanso.
Sabíamos por una noticia de un diario local con un mes de antiguedad  que el caudal de agua del río Uruguay era muy elevado, razón por lo cual era poco probale una visita a los Saltos del Moconá
pues estos quedan tapados por el agua y no se ven. Tras llamar por radio VHF al parque provincial confirmamos que estaban abiertos, por lo que terminamos con tranquilidad el desayuno en la mesa del deck exterior y salimos, como quien dice, por el camino largo, a modo de poder disfrutar un poco de la tierra colorada y el amplio crisol de verdes que ofrece la provincia.

Tras andar unos kilómetros por la Ruta Provincial Nº2 en dirección norte nos metimos en la RP21 que no es mas que una picada que se interna en e monte, y que corre paralela a la RP 15, la que hay que tomar para ir a Colonia La Flor y el lodge de Don Enrique. Al llegar a un sitio que en el mapa figura como Mesa Redonda, el camino se divide en dos. Seguimos hacia la derecha viendo si de casualidad podíamos hacer un detour que nos depositara nuevamente en la RP2. Tras andar unos 20 kilómetros llegámos a un puente donde nos detuvimos a apreciar un centenar de mariposas que hacían lo suyo, y se esmeraban en no dejarse fotografiar.
El camino se tornaba mas angosto y el GPS me decía que moría allí, un poco mas adelante en mitad de las sierras de Misiones. Esta vez no tenía sentido seguir. De regreso nos cruzamos con 12 camionetas. Era un grupo de guías de San Vicente acompañados por entusiastas del 4x4 que estaban realizando una travesía solidaria llevando alimentos no perecederos a la (ahora lo confirmabamos) aldea guaraní que se encontraba al final de la huella.
En el Parque Provincial Moconá no nos cobraron entrada por que el personal estaba de huelga, protestando contra el "traslado involuntario de un compañero".  En el edificio central sacamos los tickets para el paseo en lancha ($180 cada uno, o unos USD 12), y nos acercamos en vehículo hasta el estacionamiento sito a 200 metros del muelle desde donde salen las embarcaciones.

En Buenos Aires veníamos de unas semanas con un otoño de inéditas temperaturas bajas. Aquí en Misiones rozaba los 30 grados y la humedad me hacía acordar como pega aquí el sol en verano.
No tardamos mas de 10 minutos en llenar la lancha y comenzar el recorrido por el río Uruguay. El río que aquí toma forma de serpiente nunca se aleja tanto de Brasil, siendo este sector uno en donde las costas de ambos países están especialmente cercanas.
Esta vez me tocó un asiento en el medio de la embarcación. Pese a que casi mido dos metros, desde esa ubicación es poco lo que se puede ver, y la posibilidad de tomar fotografías es casi nula. De todos modos ya había visitado los saltos en un mejor momento, y me contentaba que mis amigos disfruten del paseo y de este capricho de la naturaleza (se trata de una gran falla longitudinal que provocan estos saltos que por dos kilómetros o mas corren paralelos al río en una suerte de cañadón).

Terminamos el recorrido a las 15 horas. Por suerte esta vez el capitán de la lancha no nos había zambullido bajo las aguas de alguno de los saltos, así que secos como estábamos decidimos almorzar en el restaurante del lugar. A la siempre presente mandioca la decidimos acompañar con pacú, un familiar de la piraña que sabe muy bien , en especial con mucho jugo de esos limones misioneros que cuyo interior es de un naranja infernal.
En el camino de regreso pasamos por algunas otras posadas, por curiosidad y para saber que oferta existe para una próxima visita a Misiones.
Siempre me gustó la provincia pero no fue hasta conocer los alrededores de El Soberbio que comencé a fantasear con la idea de tener una pequeña casa de madera a la vera de alguno de los muchos arroyos de la zona. Esta visita sólo me daba ganas de hacerme un tiempo para venir a recorrer el área pero con ojos de comprador.
En el camino nos detuvimos a ver una casita de madera en lo alto de la sierra, simpática y con vista a un pequeño lago. Cuando nos estábamos por ir llegó al lugar Daniel Martins, el dueño de la casa y (oh casualidad) constructor de las cabañas de Don Enrique Lodge, de muy buen gusto. A la vera del camino charlamos un buen rato y cuando nos dijo que estaba trabajando en Don Enrique quedámos en vernos al día siguiente, en donde nos pasearía por una serie de terrenos como para mantener viva la fantasía y saber a que hay que atenerse ante un proyecto en este lugar tan singular del territorio argentino.

Nuevamente llegámos con el tiempo justo para pegarnos una ducha y relajar un rato en el deck de nuestras cabañas antes de compartir mesa con los otros huéspedes del lodge. La familia se había retirado así que sólo quedaba una pareja de Posadas, la capital provincial.
Comimos bien como cada una de las noches, y nos fuimos afuera a terminar la botella de vino. La noche estaba muy pesada y cada tanto interrumpía nuestra charla una breve sinfonía de truenos, e incluso la lluvia acompañaría nuestro sueño con su ruido sobre el techo de chapa de las cabañas.
El día sábado lo íbamos a pasar entero en Don Enrique. En el lugar ofrecen una serie de caminatas tanto por sus dominios como por la Reserva de Biosfera Yabotí, que como un  gigante de 250.000 hectáreas asoma al otro lado del Arroyo Paraíso en donde están emplazadas las cabañas.
Tras el desayuno salimos con el guía/mozo Marcos, quien se esmeraba en enseñarnos sus conocimientos de la selva en su "Portuñol" (mas portu que ñol) cerrado. Durante casi dos horas estuvimos caminando por un sendero que nos hizo transpirar e incluso resbalar en algunas ocasiones. En el recorrido pudimos ver una colorida y temida víbora Coral, pero no llegámos a desenbolsar lo suficientemente rápido nuestros teléfonos móviles para capturarla en una fotografía.
Como si no hubierámos estado ya cansados, todavía quedaba trepar las empinadas escaleras de un mangrullo que hay en la propiedad. Claro que valió la pena. Desde arriba se obtienen las mejores vistas y además noes esperaba un termo con agua caliente y un mate ya preparado que previamente había depositado el guía Marcos.

Las chicas, con claro mejor estado físico que los hombres se fueron a hacer una excursión de tres o cuatro horas a la Reserva de Biósfera Yabotí. En canoa partieron. Del río salía humo lo que acrecentaba el misterio. Esta vez irían acompañadas por el guía Eliseo, baqueano y mano derecha del lodge desde sus inicios, y con quien había hecho un recorrido similar por ese mismo lugar unos años atrás en un caluroso verano.
Los hombres nos juntamos con Daniel Martins y nos fuimos a visitar dos terrenos que vendían por ahí, también a la vera del Arroyo Paraíso. Tuvimos que hacer alguna vuelta de mas y circular por pastizales de mas de un metro de altura buscando la desaparecida picada (huella precaria) abierta en la selva. Ya en los lugares uno puede darse cuenta del colozal esfuerzo que hay que realizar para preparar el sitio de una casa en medio de una naturaleza exhuberante, que parece crecer y avanzar cada minuto.

De casualidad llegamos al mismo momento que las chicas, sólo que estas estaban todas transpiradas y con barro hasta las rodillas. Esta vez éramos los únicos huéspedes del hotel así que nos mimaron con unos jugos que tomamos allí mismo. Hicimos fiaca en el living durante algunas horas antes y después de comer. Afuera llovía.
Domingo ocho de la mañana arrancamos hacia Buenos Aires. Esta vez debíamos hacer todo el trayecto de un saque, por lo que no habría paradas en el camino, y teníamos un ETA cercano a medianoche. Claro que hubo paradas y también el tráfico típico de un domingo de fin de semana largo, pero logramos llegar en 14 horas, felices de unos días muy lindos y entre amigos en esta provincia que parece otro país.

martes, 25 de abril de 2017

El Palacio de la Bahía

Desde afuera no dice mucho y con sus muros color terracota el Palacio de la Bahía logra pasar un tanto desapercibido entre otras edificaciones de Marrakesh. El Palacio de la Bahía (قصر الباهية) se encuentra a una corta caminata de la gran plaza Yamaa el Fna, la de los encantadores de serpientes y el bullicio propio del epicentro mismo de la vida social y comercial de Marrakesh.


Con un poco de cambio (10 Dirham) se puede ingresar a uno de los palacios mas atractivos de esta vibrante ciudad. Quizás con la idea de refugiarse un poco del intenso ritmo de vida de Marrakesh o del implacable sol marroquí, ya que adentro es muy fresco, el Palacio de la Bahía (قصر الباهية)  se presenta como una buena parada. Hay varios patios y rincones en donde uno puede (además de trasladarse en el tiempo) encontrar un lugar en donde descansar. Lo mejor es hacerlo antes del medio día, en donde se empiezan a agolpar los visitantes, todos buscando sombra, claro.
El Palacio de la Bahía fue construido en dos etapas y sin planos a partir de finales del siglo XIX. Primero por el arquitecto El Mekki bajo ordenes de Bah Ahmed Ben Moussa, Grand Vizier o Jefe de Estado del Sultán Mulay El Hassan, y mas tarde del ambicioso Mulay Abd- Al Aziz (o Abdelaziz), quien quizo construir el palacio mas grande de todos los tiempos. Para ello fue adquiriendo todas las propiedades circundantes hasta llegar a los 8.000 metros cuadrados con los que cuenta el palacio. De forma irregular tiene 340 metros de longitud y 95 en su parte mas ancha.

Actualmente el Palacio de la Bahía es usado para recibir a comisiones de gobiernos extranjeros. En una de sus alas funcionan las oficinas del Ministerio de Cultura de Marruecos y sus patios son ustilizados en ciertas ocasiones para desfiles militares. Así y todo, y guardando cierta objetividad, uno no puede decir que el estado del inmueble sea óptimo, y eso que tampoco es tan viejo. Uno se queda con la sensación de que se le podría sacar mayor provecho a las 150 habitaciones del edificio, la mayor parte de ellas vacías. En antaño cada una de ellas cumplía una función diferente, razón por la cual el recorrido guiado de uan hora y media de duración puede ser una buena idea. Además no hay carteles como para obtener información de lo que estámos viendo.
Las habitaciones mas importantes del complejo del Palacio de la Bahía daban a un Patio de Honor de 50 x 30 metros, el mas grande de varios patios. Este tiene pisos de mármol y una fuente cuadrada en su centro. Las 12 habitaciones con salida a este patio en su momento eran utilizadas por las 24 concubinas de los sultanes. Hoy en día funciona una importante sala de recepción utilizada por el gobierno de Marruecos.
Lo mejor sin dudas es caminar mirando siempre hacia arriba, a modo de poder admirar el fino trabajo de los artesanos de arte islámico y marroquí, especialmente en los techos y cielorrasos.
El Palacio de la Bahía (o Palais Bahia) no te va a dejar con la mandíbula por el suelo, eso de seguro. De todos modos resulta uno de los imperdbles de la ciudad.


hay mas de 170 tumbas en los patios. Estas corresponden a los restos de los sirvientes y empleados mas leales de la Dinastía Saadie

lunes, 17 de abril de 2017

Berisso, la Capital Provincial del Inmigrante

Berisso nació como un lugar en donde albergar a las nuevas industrias de un país que estaba viviendo con el modelo agro exportador su Época Dorada. El crecimiento de Argentina en aquellos años fue superior a la de cualquier otra nación del mundo.
En Buenos Aires una epidemia de Fiebre Amarilla se cobraba la vida de 20.000 personas. La faena de animales y la actividad salaril que se por aquel entonces se practicaba a la vera del Riachuelo fue vedada, y hubo que buscar un nuevo lugar.
Todo comenzó el 24 de junio de 1871 cuando Juan Berisso, un inmigrante genovés que tenía una chanchería, vió la oportunidad que esto representaba y puso la piedra fundacional de lo que sería el Saladero San Juan. Un año mas tarde Antonio Cambaceres inaugura el Saladero Tres de Febrero, y la zona cobra real dinamismo. En poco tiempo un millar de Europeos provenientes de la zona de los balcanes habían llegado con trabajo asegurado. Entre los dos empleaban a unos 2200 trabajadores, cifra por demás notable.
Fue alrededor de los galpones de los saladeros donde comenzó a crecer este barrio. Al principio sin planificación alguna, pero con la apertura de un tercer saladero (San Luis) en 1879, y su cercanía al puerto de Ensenada, el lugar se veía como una meca de la oportunidad y el progreso. Los primeros loteos de tierra ocurrieron, y esas casas originales de adobe fueron derrumbadas y en su lugar colocadas otras de chapa o madera.
Mas de medio millón de vacunos y un número similar de caballos habían pasado por los saladeros de Berisso. Había trabajo para todos y un enorme potencial de crecimiento, razón por la cual las primeras corrientes migratorias de finales del siglo XIX y principios del siglo XX se asentaron en lo que hoy conocemos como Berisso.

En 1904 comenzó a funcionar en la orilla del puerto La Plata Cold Storage, el primero de una serie de frigoríficos cuya casa matriz estaba en Cape Town, Sudáfrica. Allí empleaban a unas 700 personas.
Cuando en 1907 fue adquirido por Swift, era el saladero mas importante de Argentina.

El inicio de la Primera Guerra Mundial trajo una gran demanda de carne, y Argentina podía suplirla.
Ya en 1915 estaba funcionando el Frigorífico Armour (mas tarde Swift), inaugurado con la presencia del presidente Victorino de la Plaza y de Marcelino Ugarte, gobernador de Buenos Aires.
Esta fiebre por la carne hizo que Berisso experimentase un gran crecimiento poblacional, alcanzando las 10.000 almas de las que, mas de la mitad trabajaban por unas pocas monedas en los frigoríficos en las mas bajas condiciones de salubridad.
Los inmigrantes seguían llegando desde Medio Oriente, Albania, Bulgaria, Serbia, Eslovenia. También de Polonia, Bielorrusia, Croacia e Italia. Aparecen los primeros comercios y la industria se diversifica.
En 1923 comienza a funcionar la destilería de petróleo de YPF (hoy Repsol), y años mas tarde con un plan de beneficios impositivos se establece la Pattent Knitting Buenos Aires, una importante hilandería, que se conocería como Cooperativa Textil de Berisso. Por su lado, la industria cárnica continúa creciendo y emplea a casi 20.000 personas.
En la calle Nueva York, Lugar Histórico Nacional y la principal de 12 manzanas bien obreras y pintorescas, pegadas al puerto de Berisso, las pensiones estaban llenas, como así también los conventillos de chapa típicos de las zonas portuarias del Río de La Plata, creados por los italianos como viviendas multifamiliares.
Esta arteria tenía gran vida durante el día y la noche. Algunas pensiones de "camas calientes" como las de la "Mansión Obrera" eran compartidas por dos o mas trabajadores. A unos pocos metros los siempre animados burdeles, los bares de antesy sus comederos.
Dicen que allí se oían los mil idiomas, y ha de ser verdad. No sólo por los marineros que llegaban hasta su puerto, si no por que Berisso recibió una rica corriente de inmigrantes que nunca dejó de sentir orgullo por sus orígenes, pero tampoco quizo volver, haciendo de Argentina su patria.
La usina hidráulica se encuentra al final de la calle Nueva York y muy cerca de la dársena del río. De alguna manera es un símbolo de la industrialización de Berisso. Para su construcción se utilizó el acero en lugar al mas común hierro fundido.
Desde allí se movían hidraulicamente los guinches y malacates del puerto.
Esta fue la época dorada de Berisso. Tiempos en donde seguían llegando inmigrantes con ganas de trabajar, y el puerto estaba activo como nunca. Fue en esos años cuando comenzó a funcionar por orden de la Marina de Guerra el Astillero Río Santiago, un montón de talleres en donde construyen todo tipo de barcos para la Armada Argentina.
Berisso supo tener adversidades de todo tipo en las décadas siguientes. Todo ese crecimiento que tantas ilusiones trajo a los inmigrantes hoy se convertía en su peor pesadilla a partir del cierre de los frigoríficos. Hoy parece estar reinventándose con plantas y actividades en su puerto.

Sobre la Avenida Montevideo tiene su sede social el Club Atlético Villa San Carlos. Tal como lo merece la ciudad, hoy el club está viviendo su mejor momento jugando su primer temporada en el Nacional B, la segunda categoría del fútbol argentino.
Berisso creció como ciudad pero nunca perdió su personalidad y su impronta industrial. Esa impronta con la que supo ganar su autonomía y separarse del Partido de La Plata. Berisso hoy cuenta con mas de 100.000 habitantes.
Los clubes y organizaciones de inmigrantes tienen una nutrida presencia en esta lugar. No por nada Berisso es desde 1978 la Capital Provincial del Inmigrante y cada año en septiembre lo festejan con todo con un desfile sobre la Avenida Montevideo en el que participan todas las colectividades de la ciudad.
Ya pasaron esos años en donde Berisso era poco mas que una "ciudad dormitorio" para algunos habitantes platenses que buscaban ahorrarse unos mangos.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Ensenada, Capital Nacional de la Soberanía

Cerca de lo que hoy es la ciudad de Ensenada, a 70 kilómetros de Buenos Aires y frente hace donde mas de 200 años atrás estaban las aguas del Río de la Plata, se encuentra el Fuerte Barragán. Desde allí se repelió uno de los intentos de desembarco durante la Primer Invasión Inglesa, sin embargo su historia comienza años antes.
Este estuario había sido descubierto por Hernando de Magallanes cuando hacía un reconocimiento de las costas de Río de la Plata en una expedición en 1520.
Poco mas de un siglo mas tarde estas tierras fueron adquiridas por un contrabandista de esclavos llamado antonio Gutierrez Barragán, primer capanga de este puerto clandestino y muy cercano a la ciudad.

En 1730, Bruno Mauricio de Zabala, gobernador del Buenos Aires de aquel entonces, manda una petición al rey de España para la construcción de una batería que le permitiera defender este puerto, pero le fue denegada. Fueron entonces los portugueses quienes construyeron el primero en 1736 cuando estaban en busca de hacerse de territorios en América del Sur.  La batería tuvo que ser reconstruida varias veces pues allí las crecidas del Río de la Plata pueden ser devastadoras.
                                                      Comienza la historia del fuerte

Un temporal borró del mapa el antiguo puerto de buenos Aires en 1800, por lo que las autoridades rioplatenses tuvieron que buscar un nuevo lugar para dar continuidad a las actividades comerciales. El lugar elegido fue la Bahía de Ensenada, por sus cualidades ya conocidas.  Allí se construyó un fuerte muy parecido al que se conserva en la actualidad. Paralelamente se autoriza la formación del pueblo, actual cabecera del partido.

                                                       
                                                      Las Invasiones Inglesas

Ya se tenía conocimiento de las aspiraciones británicas en América. Se habían divisado buques ingleses cerca de las costas de Brasil, y en 1806 ocurre la Primer Invasión Inglesa con hombres a cargo del General William Carr Beresford cuyo intento de desembarco fue repelido por las baterías del Fuerte Barragán a cargo de Santiago de Liniers, en un hecho significativo de los tiempos previos a la independencia.
Beresford recula y mas tarde logra desembarcar su ejército en la actual ciudad de Quilmes (mas cerca aún de Buenos Aires) sin resistencia alguna, y se encaminan a Buenos Aires, la cual toman durante 45 días en los que la bandera inglesa flameaba en Plaza de Mayo.

Mientras tanto Liniers forma un ejército en Montevideo y con ayuda de las milicias porteñas logra expulsar a los invasores en una gesta conocida como La Reconquista.
En 1807 ocurre la Segunda Invasión Inglesa. La flota británica había tomado el puerto de Montevideo justo al otro lado del Río de la Plata. Un contingente a cargo del Teniente General John Whitelocke logra desembarcar en Ensenada ya que el Fuerte Barragán (o Fuerte Cambaceres) se encontraba desprotegido. La sorpresa la tiene al llegar a la ciudad, donde se encuentra con gente armada y bien organizada dispuesta a combatir por su libertad.

En aquel entonces Buenos Aires tenía 45.000 habitantes. Poco mas de la mitad de los que tenía Nueva York, la ciudad mas grande de América. Casi todos los hombres participaron de alguna manera, por ejemplo en las barricadas organizadas por el Gobernador Martín de Alzaga, que con cerca de 9000 milicianos tomaron prisioneros a mataron a casi la mitad de los hombres de Whitelocke.

Para los ingleses fue una paliza difícil de olvidar. El gran papel del Cuerpo de Patricios (Infantería) al mando de Cornelio Saavedra, y que contaba entre sus filas con Manuel Belgrano oficiando de Sargento se ocupó del resto.
Este momento conocido como La Defensa hizo que España lograse mantener sus posesiones en el Virreinato del Río de la Plata y en América del Sur, pero sólo por un breve tiempo, ya que a partir de este momento comenzaron los preparativos para la Independencia Argentina y la liberación de los pueblos americanos.

Según las prolijas crónicas inglesas hubo 311 muertos en combate, 1808 capturados o desaparecidos. Curiosamente los cuerpos de los muertos de ambos bandos aún no han sido encontrados.
Con el paso de los años y ya con una América libre y soberana, el Fuerte Barragán pasó a cumplir distintos usos y funciones hasta que queda abandonado durante algunas décadas. Luego vuelve a cobrar protagonismo al ser utilizado como base por la Armada Argentina en 1955 en los días previos a la Revolución Libertadora. Desde allí partieron 34 aviones que bombardearon Plaza de Mayo para derrocar a Juan Domingo Perón.

Hoy el Fuerte Barragán y su zona aledaña es uno de los lugares preferidos de esparcimiento para los habitantes de Ensenada. Allí funcionan algunos museos que detallan ly cuentan la historia de por qué
Ensenada es considerada la Capital Nacional de la Soberanía.



martes, 7 de febrero de 2017

Comer en Polonia

La comida en Polonia me pareció mejor de lo que esperaba. Sabía mas o menos con que me iba a encontrar pues visitaba cada tanto el restaurante del Club Polaco de Buenos Aires, y aunque mas refinada aquí, se parece a otras del centro de Europa. Lo que no imaginé es que iba a comer bien en todas y cada una de las oportunidades que tuve para hincar el diente.
La gastronomía en Polonia es resultado directo de la historia convulsa de la nación, y de todas las culturas que pasaron por su suelo dejando su huella a la hora de preparar platos. Por su posición en el centro de Europa, el territorio que hoy es Polonia siempre estuvo cerca de las rutas comerciales que desde todos los puntos cardinales llegaban al continente. Así es cómo cosacos, tártaros, armenios, judíos, otomanos, húngaros y alemanes pasaron por aquí, y por todos se dejaron influenciar. El resultado es el de una cocina singular, condimentada, honesta, bastante compleja y con sabores profundos de esos que perduran en la boca.
La hospitalidad es uno de los rasgos mas sobresalientes de los polacos, y es por eso que se cocina con amor. Como muestra de ello, los platos son siempre abundantes.
La gastronomía está estrictamente relacionada con la vida rural y todos los productos derivados de ella. La papa nunca falta (es el mayor productor de Europa). Completan el equipo de los omnipresentes la remolacha, el repollo, la zanahoria, los rabanitos y el ajo.
Es señal de buena educación terminar todo lo que lo que nos ha sido servido, pues aquí se ha pasado hambre. Mas tarde se puede emitir un comentario positivo acerca de lo que hemos comido.

En Polonia nunca te quedarás con hambre. El desayuno no es liviano. El almuerzo consta de sopa, plato principal y postre. Por las noches nunca faltan las entradas (przekaski) y siempre hay tiempo para largas sobremesas en donde se fuma y bebe copiosamente algún vodka escondido para la ocasión.
El vodka es la bebida nacional de Polonia y tiene gran presencia en la vida del polaco, en especial cuando está junto a terceros. Es difícil dejar el país sin haber tomado un vaso bien frío, generalmente acompañado con un plato de arenques o unos pepinos en salmuera.
Es muy probable que el vodka sea originario de Polonia. De allí al menos deriva su nombre. Algunos de los mejores vodkas del mercado internacional son polacos. Entre esos podemos nombrar marcas como Belvedere, Ultimat, Wyborowa, Pravda, King Peter o el Wratislavia, originario de Wroclaw.
Famoso también es el Zubrówka, el vodka de la hierba del bisonte, reconocible por su color amarillo pálido y por la hoja de hierbadel interior de la botella que le da ese sabor tan particular. Generalmente el Zubrówka se bebe con jugo de manzana (muy rico) y se lo conoce como Tatanka o Szarlotka.

También existe una amplia variedad de cervezas locales, todas de muy buena calidad. En invierno la pueden tomar caliente con un poco de miel, e incluso existe una sopa hecha a base de cerveza. También la saben tomar con sorbete mezclada con jugo de frambuesas.
Me encantan las sopas y ese invierno en Polonia me saqué las ganas. Son siempre contundentes y dicen por aquí que tienen una diferente para cada día del año. Lo cierto es que cada cucharada esconde una infinidad de sabores que no pueden dejarte indiferente.

Mis preferidas resultaron ser la de centeno fermentado y también las de tripas blancas, que aunque con mala apariencia, rebosaba de sabor. Parece que en Polonia, carnes, embutidos, verduras, hierbas, hongos o tripas, y todo lo que se puede comer va a parar a una sopa.
El Borsch (Barszcz) es la sopa mas famosa de Polonia. Esta sopa a base de remolacha se identifica desde hace siglos ya de lejos por su color. Generalmente lleva papa, cebolla y ajo, y puede ir acompañada con algún tipo de pasta, pero hay decenas de versiones. También la sirven fría (muy refrescante) con una rebanada de remolacha y un poco de jugo de limón y azúcar.
También popular, pero no fronteras afuera es el Zurek, una sopa de centeno fermentado que viene acompañada por trozos de salchichas y verduras y un huevo que se sirve adentro de un pan de centeno.
Las sopas fermentadas son otra especialidad del país. Las mas comunes suelen ser de coles (repollo) como el Kapusniak, la de perejil o la de pepino (zupa ogórkowa), pero existen de cereales y otras variedades que datan desde el medioevo. No se las pierdan.
Para los menos valientes siempre quedará la opción de una sopa de eneldo, una (no tan) clásica sopa de tomate con o sin arroz, varias de hongos recogidos en los grandes bosques de Polonia, o el Rosól de verduras con pollo y pasta.

Muchas de estas sopas hoy asociadas a Polonia tienen origen en los Bar mieczny (Bares de leche) surgidos en el siglo XIX como repuesta a la depresión económica surgida en los tiempos de pos guerra. El primero de esos locales abrió sus puertas en 1896 en Varsovia. Allí se servía comida barata en base a lácteos, sopas y verduras. Con la llegada de los comunistas en 1945, la mayor parte de los restaurantes fueron nacionalizados y convertidos en Bares de leche subvencionados por el estado.
Todavía hoy pueden encontrarse. Son utilizados por estudiantes y gente de la tercera edad. Los preciso siguen siendo bajos, no hay servicio y la comida tarda una eternidad en llegar.
Los Pierogi son el plato emblemático de Polonia, y son un sub mundo dentro de su cocina. Se piensa que fueron introducidos por los tártaros y por los mongoles en sus incursiones en suelo polaco. Hay dos variedades ya que también se discute el origen de este plato. El Pierogi puede ser Ruskie o Wiejskie (al modo ruso o polaco). A partir de ahí se abre una serie de opciones. Los mas populares son el z miesewi (con carne) y el z kapusta i grzybam de hongos y repollo.

En Polonia varios tipos de recetas de pasta fueron importadas desde Italia a partir de 1518 por orden de Bona Sforza, segunda mujer del rey Segismundo I Jagellón "El Viejo" y madre de seis de sus ocho hijos. Bona era descendiente de la familia dueña del Castillo Sforzesco en Milano.
Los platos principales de Polonia suelen contener algún tipo de carne. La mas común es la de cerdo, aunque en las recetas mas especializadas también utilizan la de cordero o la de pato. Entre los platos mas conocidos podemos encontrar las Schabowe, clásicas milanesas de cerdo rebosadas, influencia de sus vecinos Austria y Alemania. Mas populares aún resultan las Kielbasa, salchichas de cerdo con salsa de rábano picante que podrán encontrar hasta el hartazgo a lo largo y ancho de todo el territorio, y que no difieren en mucho de las de otros lugares.
Mas original resultan las Mielone, unas hamburguesas de carne con arroz y repollo, o las Golabki, unas albóndigas con los mismos ingredientes pero otro sabor.
El Steak Tartar suele encontrarse con facilidad en los menúes de los restaurantes. Este plato de carne vacuna cruda mezclada con cebolla, mostaza, salsa y la yema de un huevo es una delicia para comer de tanto en tanto (ojo con las bacterias).

En Polonia no se come tanto pescado, pero no deja de estar presente, en especial en las zonas costeras al Mar Báltico y a los ríos grandes. Las recetas mas comunes incluyen a la carpa (karp) con mucha salsa, la caballa (makrela) y la trucha. Las anguilas (wegorz) son comunes y exquisitas.

En muchos sentidos Polonia es un país que vale visitar, y si además se come bien, tanto mejor.


viernes, 3 de febrero de 2017

Escenas de mercados en Essaouira

Cuando uno visita Marruecos o cualquiera de los países que forman parte del Magreb, las imágenes de los mercados o souks parecen multiplicarse, y Essaouira y los pueblos que la circundan no son la excepción.
En "la capital africana del viento" (como se conoce a Essaouira gracias a la constante acción de los Vientos Alisos) los mercados de especies, de ropa, carne, cerámicas y otros se van repitiendo por doquier. Existen decenas. Al andar uno siempre termina internado en una suerte de laberinto en donde es imposible no perder el sentido de orientación, y eso lo hace tanto mas divertido.
Las calles de Essaouira nunca dejan ver del todo lo que se esconde mas allá de los 40 o 50 metros inmediatos, pero de seguro que a la vuelta de la esquina te toparás con alguno de ellos. En la Medina funciona el souk Jdid con varios mercados dentro (carne, cereales, comida en general). A la postre se van repitiendo hasta hacer de ésta una experiencia quizás monótona para quienes llegan hasta aquí sin buscar algún producto en particular como pueden ser las especias o el famoso aceite de Argán.
El aceite de Argán De hecho aquí, y en especial en la ruta que va o viene de Marrakesh, existen un montón de cooperativas de aceite manejadas generalmente por mujeres. En esta oportunidad conocí la de Afous Argan (a 20 kilómetros de Essaouira), una típica trampa para turistas en donde, por ejemplo, venden el aceite mucho mas caro que en las ciudades grandes. Aún así vale la pena la experiencia de ver su manufactura, colaborar, y disfrutar del paisaje circundante, en donde es muy común ver a las cabras trepadas a lo mas alto de los árboles tratando de llegar a sus frutos.
En Marruecos el regateo parece ley. Los mercados de comida hacen excepción a esta regla y son, junto a los hoteles, los restaurantes y el transporte público, de las pocas cosas en el país que funcionan con precios fijos. No vale la pena intentarlo. Allí no hay lugar para el regateo ni las negociaciones.
Si uno muestra interés en algún producto de los caros (por ejemplo una alfombra), les será ofrecido un vasito con té de Hierbabuena (شاي بالنعناع - parecido a la menta) como gesto de hospitalidad y para entablar la negociación necesaria con el vendedor.
Luego se vuelve a servir una segunda ronda de té, y es en esa instancia cuando se espera acordar en el precio. Recuerden no ofertar "al divino botón", pues esta gente esta tratando de ganarse el pan.
A la salida de la Medina de Essaouira se encuentra el Mercado Bab Doukkala. Este mercado está orientado al marroquí, y no al turista. Se vende mucha baratija, de la onda de "Todo x $2". Una de esas bolsas de nylon reforzado que se ve a la derecha de la foto superior todavía la tengo. Es irrompible.
En los alrededores de la ciudad, digamos en un radio de unos 40 kilómetros cuadrados, existen numerosos souks. Se trata de los "mercados semanales" (casi siempre al aire libre), en donde la actividad rota alrededor de los pueblos como para darle lugar y protagonismo a todos.
En cualquiera de los mercados se consiguen todos los ingredientes básicos de la gastronomía Marroquí. Naranjas, pimientos, aceitunas, especias y dátiles se van repitiendo en las estanterías de los puestos.
En los mercados especializados de ciertas calles se vende carne de cabra y de cordero, que son las mas consumidas en Marruecos y el Magreb.
Cuando hay tiempo para un recreo se ve a hombres jugando al Fetach, un juego de estrategia originado en Medio Oriente (probablemente Egipto) y que es antecesor del juego de Damas.
En español es conocido como Alquerque.
No tan grande como el de Marrakesh, aunque igualmente interesante, el Mercado de las Especias es un festín para los sentidos.
Como en tantos otros mercados del mundo, en Essaouira también venden esas yerbas milagrosas que todo lo curan.
La alfarería está muy presente en la cultura de Marruecos. Cada ciudad tiene su propio tipo de cerámica. Son habituales las tiendas de recuerdos donde venden platos y tajines, y dispares los precios acorde a la calidad de cada uno de los trabajos o tipo de material utilizado.
En el puerto de Essaouira hay una verdadera ciudad de pescadores. Allí se encuentra el bien ponderado Fish Market , una de las propuestas imperdibles de esta ciudad que basa gran parte de su economía en la pesca, en especial para quienes nos gusta todo lo que sale del mar.
Sólo las sardinas y los langostinos cuestan menos que en otras latitudes, y como uno tiende a tratar de probar cosas nuevas, habrá que desembolsar unos cuantos Dírham.
Lo bueno es que uno elige el pescado, acuerda un precio con tal o cual vendedor, y te lo preparan ahí mismo a la parrilla. Más fresco imposible. Sin duda el mejor lugar de la ciudad a la hora de comer.