viernes, 23 de mayo de 2014

El Médano Blanco en Necochea

El Médano Blanco es la duna mas alta de la costa atlántica argentina. Se encuentra a unos 35 kilómetros de la ciudad de Necochea, circulando por las playas mas lindas y anchas de un país que tiene muchas.

No estaba en mis planes llegar a Necochea. Habíamos amanecido en Mar del Plata, y nuestro próximo destino era Tandil , pero erré las indicaciones a mi GPS y a mitad de camino me dí cuenta que estábamos yendo hacia Necochea. ¿Como capitalizar el error? Yendo al Médano Blanco.

Apenas puse un pie en la ciudad me contacte con Necotata y pactamos una salida para el día siguiente.  Bajamos con las camionetas a la playa en el Balneario Los Angeles, y encaramos hacia el sur. Tras andar unos kilómetros, alejándonos de la ciudad, cruzamos sin problemas el primero de los arroyos.
La playa se hace ancha como en ningún otro lugar del país, y se comienza a recorrer las primeras formaciones de dunas, los primeros caprichos de la arena. El mar nos acompaña durante todas las horas que insume nuestro recorrido. El viento sopla siempre fuerte. Nuestros vehículos van copiando las ondulaciones del camino.
Imposible perderse. Las dunas van haciéndose cada vez mas grandes y gordas, anticipando que uno esta cerca del médano mas apreciado de la costa, el formidable Médano Blanco que con sus 100 metros de altura, es el mas alto de la costa atlántica.
Subiendo y bajando por las formaciones de arena, y como atraídos por un imán, uno sabe, uno percibe, que el grandulón esta cerca, y se hace desear.
Alejándonos del mar por la cresta de los médanos, sonrientes, hasta que de repente, la figura del Médano Blanco aparece por detrás de una duna. Waw. Es imponente apenas uno lo ve, y se va haciendo mas grande a medida que nos internamos en la olla que tiene debajo.
Que alegría estar acá, y que día mas espectacular nos ha tocado para esta aventura. El momento de la verdad había llegado. Estábamos acá para bajar el Médano Blanco con la camioneta.
Para poder bajar por su ladera hace falta rodear la masa de arena por su lado mas permisivo. Camino a la cresta pudimos ver como es que se forman los médanos, que están en continuo movimiento.
Ahora si. Estamos arriba del Médano Blanco. Dan ganas de quedarse mirando el horizonte de arena, los campos sembrados a nuestra izquierda, y el océano Atlántico, testigo, del lado derecho.
 A lo lejos, pequeña, se ve la segunda camioneta. Es el momento de tirarse por la empinada cuesta, y cruzar los dedos para no cometer errores, que son frecuentes los vuelcos y accidentes aquí.
Asomamos la nariz de la camioneta. Hay un momento de pura adrenalina en el que no se ve nada, pues el parabrisas esta apuntado hacia arriba. Es ahí cuando nos enfrentamos al vacío, nos reencontramos con la visión de la cuesta y empezamos a derrapar controlando nuestro camino hacia abajo. Una sensación que cualquier amante del 4x4 disfrutará. Quizás no los acompañantes, que mueren del susto.
Importante no bloquear las ruedas frenando, ni cambiar la trayectoria de bajada para no volcar, que en la zona no hay cobertura telefónica, y un rescate puede ser difícil y caro.
Una primer bajada exitosa, como es cualquiera con la que se llegue con las cuatro ruedas tocando el suelo.
Aprovechamos la olla natural que nos protegía de los fuertes vientos de la zona, y nos dispusimos a comer unos sandwiches, masticando bastante poca arena, lo cual es una buena noticia.
Mas tarde, luego de medir el comportamiento de las gomas en la arena mas blanda del mediodía, me puse a jugar un rato en este enorme patio que tenía para mi solo. Feliz como niño con juguete nuevo.
 Quería bajar nuevamente el Médano Blanco, y dejarme deslizar también por sus dunas menores, que celosas ya miraban de reojo.
Aquí intentando la primera vez subir por el costado del médano mas famoso de estas latitudes.
 Aunque no había podido tomar mayor velocidad parecía que lo iba a lograr. Ya veía la cresta de la duna y me aprontaba a frenar la camioneta, cuando comienzo a hundirme en la arena. Buh…No lo conseguí. Había llegado el momento de dejarme caer hacia atrás. Mismo principio, otro tipo de adrenalina. Merodee nuevamente la base del Médano Blanco, y me apronte a dejarme caer nuevamente antes de encarar nuevamente hacia Necochea.
El camino, tanto de ida, como de vuelta es muy lindo. Toda la zona de Necochea tiene paisajes que rompen con la monotonía de los lugares vacacionales preferidos de los argentinos sobre la costa atlántica, tal como Pinamar o Mar del Plata, pero claro, Necochea esta bastante mas lejos de Buenos Aires, y en sus gordas playas siempre sopla el viento, que lo hace incómodo.
Una salida al Médano Blanco me parece la mejor opción que tiene la provincia de Buenos Aires para despuntar el vicio del manejo en arena. El recorrido ofrece vistas diversas a lo largo de todo el trayecto, que tiene un mínimo de 70 kilómetros.
En los márgenes de algunas playas vimos grutas costeras que se forman por la erosión del viento. Si además tienen suerte, y ha llovido recientemente, se forman cascadas con el agua que traen de los campos, los arroyos, y que termina en el mar.

Una salida que repetiré varias veces mas. La infraestructura de la ciudad es correcta, y ahora hay además, en el camino a Médano Blanco, un complejo termal, que hasta donde se, es lo mejor alternativa que tiene los alrededores de Necochea  en cuanto a alojamientos.
El entorno es maravilloso. Playas desiertas que llegan a los 400 metros de ancho y tienen mas de 70 kilómetros de largo, bosques de pinos, grutas, médanos.